1 - HISTORIA(S)  LOCAL(ES)

 

1 - La romería de Eslava a Ujué "modelo de romerías"

2-  Estudio de la pervivencia del euskera en la Navarra media oriental a través de la toponimia.

3 - Navidades de antes en Eslava

4 - Tragedia en Eslava

5 - ABAIZ (y Eslava y Lerga)

6 - La matanza del cuto

7- Angelicos somos

8- Otras tradiciones de Semana Santa: los maitines

9- Angelicos somos, o semos

10 - Adiós al "pescao"

11 - El lavadero del barrio de arriba: recuperando patrimonio arquitectural y social

   



1 - La romería de Eslava a Ujué "modelo de romerías"

Foto: Salida de los de Eslava en su romería a Uxue.

 

A raíz de su breve estancia como cura coadjutor en Ujué en 1960, José María Jimeno Jurío publicó una serie de artículos sobre las romerías a este precioso pueblo navarro. Pero comentó muy especialmente la romería de Eslava, de la que dijo en el titular de su artículo que era “modelo de romerías.”

El sábado 14 de mayo de 1960 era la boda de un amigo suyo de Lerga y no pudo ir... porque a Ujué venían los de Eslava.
Eslava venia el día 15 de mayo día de San Isidro, pero aquel año y porque San Isidro tocaba en domingo trasladaron la romería al sábado.
Entre Lerga y Eslava siempre ha habido pique y a Jimeno Jurío, que había estado de maestro en Lerga, al principio le joribia, le fastidia perderse la boda de unos amigos suyos de Lerga a causa de tener que atender como cura a la romería de Eslava:
''Me lo habían dicho. Eslava y Pueyo son los más fervorosos de cuantos peregrinan a Ujué. Los que dan menos guerra. Los más formales.
Era un poco escéptico lo reconozco, Quizá pesaran un poco en mí prejuicios rivalistas de pueblos porque me considero vinculado a Lerga.
Además los de Eslava al adelantar la fecha de la Romería, que tradicionalmente es (era) el día de San Isidro, me privaron de acompañar a unos amigos de Lerga precisamente en el día de su Boda. Escéptico y chafado. ¿Cómo iba a ver la visita de los ''amigos'' de Eslava?''
Seguidamente cuenta como ese fastidio inicial se vuelve admiración al ver con qué fervor con qué orden y con qué elegancia entra este pueblo en Uxue:

''Pero todos los prejuicios cayeron ante la realidad -dice José Marí- Reconozco sinceramente que Eslava es el pueblo navarro de la elegancia espiritual.'' ''Los de Eslava salieron de su pueblo, de su Iglesia parroquial, a las 5 de la madrugada del sábado.
Andando. Los 54 hombres entunicados, con sus cruces y la previsión del paraguas amarrado al fuste y otros sin vestir el sayal negro .
Un representante de cada casa a visitar a la Madre. ¿Verdad que es un detalle delicado y revelador? Y detrás de ellos las mujeres valientes.''

Aquí nos descubre como los entunicados de Eslava eran cincuenta y cuatro, uno por cada casa lo que nos recuerda antiguas costumbres de otros pueblos como Tafalla y Olite en que también venía obligatoriamente uno de cada casa.

Sigue contándonos José María:
''Llegaron a La Cruz del Saludo a las nueve. Se ordenaron.
La cruz parroquial, escoltada por los monagos abriendo el surco de una línea negra de entunicados que remataba en el punto blanco del roquete parroquial.
Detrás, el colorido del vestuario femenino. Por encima, cantos de avemarías.''

Todavía hoy, Eslava viene de la misma manera, los entunicados en fila con sus cruces o sus báculos en forma de cruz y cantando unas avemarías que emociona oírlas.... detrás el cura y los que vienen de paisano.
Luego en cuanto llegan a la iglesia pasan uno por uno a besar la medalla, luego la misa.

Jimeno Jurío queda impresionado y cuenta que en la misa comulgaron todos.
Luego, a la tarde ve con admiración como antes de la despedida las mujeres de Eslava por su cuenta, se reúnen en la iglesia media hora antes y se ponen a cantar una, dos, diez, quince canciones a la Virgen María en un bello acto que lo emociona:

''Y por la tarde todos volvieron a juntarse a los pies de la Virgen para la despedida. Las mujeres se adelantaron a la hora señalada para cantarle a la Madre de Ujué sus fervores en no sé qué cantos marianos ofrecidos espontáneamente fuera de control oficial, Como si estuvieran en su casa. Que lo estaban.''

Hoy igual que en 1960, las mujeres de Eslava siguen esta tradición. Y Josemari sigue contándonos que:
''La salida se hizo con el mismo fervor que la llegada; sin gritos ni alharacas, con voces de hombres cantando el Adiós.
Se perdieron camino adelante. Rezando. Rosario dirigido por hombres y rezado por hombres. Nos dejaron un grato recuerdo: el de su formalidad, el de su fervor eucarístico y mariano''.

Sirvan estas palabras escritas por José María Jimeno Jurío en 1960 como testigo de lo que todavía sucede en la romería de este pequeño pero bonito pueblo de Eslava a Ujué.

Hasta hace unos veinte años Eslava venia el día 15 de mayo, San Isidro,
Luego cambiaron al domingo más próximo a San Isidro y más tarde al sábado lo que fue un gran acierto.
La romería de Eslava a Ujué tomó nueva vida y los peregrinos aumentaron. Tener el domingo como día siguiente de la romería supone tener un día entero para recuperarse de la caminata de la subida a Ujué y de la de regreso a Eslava.
Y para los hijos de Eslava que viven lejos, tener la oportunidad de venir, convivir con sus paisanos y tener tiempos suficiente para reponerse y volver a sus lugares de procedencia.

Nota:El articulo completo sobre la romería de Eslava de Jose Maria Jimeno Jurio está disponible en la hemeroteca del Diario de Navarra del Domingo 22 de Mayo de 1960 y en el volumen nº 22 de sus obras completas editado por Editorial Pamiela.

 

Publicado por Mikel Burgui



2 - Estudio de la pervivencia del euskera en la Navarra media oriental a través de la toponimia.

 

El ujetarra Patxi Salaberri Zaratiegui ha presentado su tesis sobre el análisis del euskera en esta zona.

                                                              Paco Sanz             DIARIO DE NAVARRA, 5 de diciembre de 1992

El estudio de la toponimia y en general la etimología ha sido los instrumentos elegidos por el ujetarra Patxi Salaberri Zaratiegui para analizar el euskera de la Navarra media oriental, tema de la tesis doctoral que acaba de presentar en la Universidad del País Vasco.

 

- ¿Cómo ha llevado a cabo el trabajo?

 

-Fundamentalmente estudiando los topónimos de la zona y acudiendo a fuentes escritas como el Archivo de protocolos notariales relativo a las localidades San Martín de Unx, Caparroso, Cáseda, Aibar-Oibar y Olite. También he consultado el Archivo Diocesano, documentos municipales en Ujué y Aibar y el archivo parroquial de Ujué. Otros libros consultados han sido obras del filólogo eslavés Alfonso Reta Janáriz, Masu Nitta, de Euskaltzaindia o de José Javier Uranga.

 

- ¿Podrías concretar el área geográfica del estudio?

 

- El trabajo hace referencia a la zona comprendida entre Tafalla y Sangüesa. Concretamente está el estudio de Ujué, Gallipienzo y val de Aibar-Oibar que hasta el siglo VIII forman una unidad idiomática y la zona mugante con el río Aragón (Cáseda, Murillo El Fruto, Carcastillo, etc.)

 

- ¿Cómo se define el área de influencia del euskera a lo largo de la historia durante los siglos?

 

-Puede establecerse una primera línea en la que el euskera se mantiene en el sur como si fuera una bolsa y llega hasta Mélida y Carcastillo, pero no se habla ni en Tafalla, ni en San Martín de Unx, ni Beire, ni Pitillas, y por el Este tampoco llega a hablarse en Sangüesa. Hasta el siglo XIII se mantiene en Murillo y Carcastillo y hasta el XVIII en Ujué, Gallipienzo, Eslava y otras localidades. En el siglo XIX la frontera lingüística llega a la Vizcaya.

 

- ¿El río Aragón actuó indirectamente como frontera?

 

-En algunos casos la delimitación del euskera y el romance está claramente separada entre el río Aragón, como ocurre con Sangüesa y Cáseda en el siglo XI.

 

- ¿Por qué se pierde el euskera en la Navarra media orienta?

 

-No ha sido el tema de mi estudio. Tampoco se puede establecer la rapidez con la que se pierden los topónimos. Algunos nombres se castellanizan por los notarios que escriben en los documentos los nombres traducidos. Lo que sí está claro es que la lengua se va perdiendo progresivamente hasta finales del siglo XIX.

 

-Pero habrá casos de palabras de raíz euskérica que hayan permanecido…

 

-Hay palabras que se repiten en varias localidades como Euntze (prado) y variantes de esta raíz [euntze zarra], [euntze berri]… y que permanece bajo términos como [euncezar] o [eunceberri]. Son nombres que siguen conservándose.

 

- ¿Cuáles son las conclusiones a las que llegas con este análisis?

 

- Por la toponimia y los documentos escritos puede comprobarse que el euskera de esta parte de Navarra corresponde al llamado “Alto navarro meridional de la zona de Elcano” y que estaba muy extendido por toda la parte media de Navarra, desde las Améscoas hasta la parte más meridional. (…)

 



3 - Las Navidades antes en Eslava

 

 

Las Navidades empezaban con la salida al campo a coger el musgo para el Belén. Imposible olvidar su tacto, suave y húmedo, y su olor, fresco y frondoso, tan evocadores ambos de una niñez, para algunos de nosotros, ya lejana.

 

Hacer el Belén era uno de los momentos más esperados del año por lo que tenía, y sigue teniendo, de divertido y creativo y porque era el inicio de unas vacaciones cargadas de promesas en forma de dulces y regalos, mucho más apreciados que ahora por menos abundantes entonces.

 

Las montañas nevadas con harina, el río de papel plateado del que nos proveían las tabletas de chocolate Zahor (además de cromos de futbolistas míticos como Kubala, Zoco, Gento…), los caminos de serrín, el puente de corcho, la imprescindible cepa boca abajo para el portal, la oveja con el alambre colgando, en lugar de lo que antes era una pata, camuflado en el musgo, el espejo que hacía de lago y el avance diario de los Reyes Magos hasta descabalgar (¿o descamelgar?) para arrodillarse ante el Niño el 6 de enero, Día de Reyes.

 

El Belén del centro parroquial era, con ventaja, el más espectacular, aunque no tan productivo para la chicarrería como los de las familias, ante los que íbamos a cantar nuestro villancico preferido (de autor, parece, bastante perezoso con las rimas, por eso de “chiquitín”, “pobrín”, “niñín” …), lo que nos reportaba pastas y alguna ochena que otra.

 

La Novenica del Niño, que tenía lugar cada mañana en la iglesia, era de obligada asistencia, porque, de lo contrario, aparte de arriesgarte a recibir algún reniego del cura o de tu madre, te perdías el numerico que te daban cada mañana para la rifa del día de reyes en el cine parroquial.

 

La cena del 24 era una de las más importantes del año, pero tenía un gran hándicap: el estrés de las 3 horas que tenían que pasar entre el último bocado, y el último sorbo, y la comunión de la Misa del Gallo a las 12 de la noche. ¡Con la bandeja del turrón y los polvorones a la espera de un descuido de la madre!                                    El que esto escribe, creyó durante cierto tiempo que al pasar de 3 horas a una, después del Concilio Vaticano II, a principios de los 60, la regla cambiaba también para lo de no bañarse hasta 3 horas después comer. Pero no, esta última no cambió hasta mucho después, cuando nos enteramos de que se trataba de una leyenda urbana más.

 

Luego venía la dura lucha, durante la tardía misa, contra los pesados párpados, empeñados en cerrarse, aliados con las oscilantes llamas de las velas, para provocarte las cabezadas de la vergüenza, de la que, por supuesto, pensabas, todos los demás feligreses estaban pendientes.

 

Por fin llegaba el tan ansiado Día de Reyes. La fiesta comenzaba la víspera, el día 5 por la tarde, con los chicos desfilando por las calles haciendo el mayor ruido posible para que los Reyes no se olvidasen de nuestro pueblo y para guiarlos hasta él con el estruendo de las esquilas.

 

Esta tradición, que ya estaba muy debilitada por el descenso de población, se acabó en 1985 cuando las chicas, hasta entonces no admitidas en el estruendo, decidieron salir también por su lado haciendo ruido.                     Pero los chicos, celosos de sus privilegios ancestrales y no deseando compartir  las pastas y monedas que les daban las familias, les prepararon una emboscada, armados de huevos, a la altura de casa “el pescao”. Y ahí llegó la tragedia: ¡una chica recibió un proyectil en plena frente y cayó de bruces contra el suelo!                                    No entro en detalles del horrible dolor que debió sufrir al golpearse la cara contra los casi 40 centímetros de nieve esponjosa que habían caído recientemente; ni quiero dar nombres, para no reabrir las dolorosas heridas de tan triste episodio.

 

También la tradición de la cabalgata fue declinando poco a poco por falta de gente. Pero hubo una, hacia 1969, que hizo época. El anuncio de la llegada de los Reyes lo hizo Fernando el anticuario, vestido de paje medieval, leyendo un pergamino en el que se dirigía al pueblo de “Eslavia”. En el frontón se hizo un Belén viviente con el Niño de plástico, como es normal, y sin buey, también algo bastante normal, pero con una burra de carne y hueso, la de casa Justo, para más señas.                                                                                                               Pero la atracción principal del Belén fue sin duda la figura de la Virgen, tan guapa y tan en su papel que algunos eslaveses, sobre todo eslavesas, se emocionaban al verla y comentaban el parecido que tenía con “la de verdad”.

 

Pero lo mejor estaba por llegar: se instaló una sirga que bajaba de la torre de la iglesia a una esquina de la escuela por el que se iba a deslizar una estructura de alambre rígido, con forma de cometa, rebozada de algodón impregnado de gasolina al que, en el momento oportuno, cuando más gente había en la calle, se le prendió fuego y se soltó en caída libre. El efecto fue más que espectacular: la cometa ardiendo bajó flechada sembrando un reguero de motas de algodón en llamas, hasta la traca final, cuando se estrelló contra la pared de la escuela.

 

Pero todo acabó bien, aparte de alguna carrera loca para escapar de la lluvia de fuego y algún pelo algo txucarrao. Y ¿a ver qué pueblo de la zona había organizado alguna vez algo así? ¡Ninguno!

 

Finalmente llegaba el rito de colocar el zapato en la ventana, las dificultades para dormir por culpa de los nervios, y la alegría de encontrar, por la mañana, la cajica con la serpiente de mazapán, los guirlaches y los juguetes. O, mejor dicho, el juguete. Uno y barato, que la economía familiar no daba para más. Pero esto no importaba. Lo importante era la ilusión y la magia del momento.

 

Porque, en realidad, tampoco necesitábamos más juguetes. Teníamos ya muchos que no costaban ni un duro y que nos proporcionaban incontables horas de entretenimiento y diversión: las tabas, el piso, los palos para jugar al hinque, el pote para jugar al escondite, la cuerda para jugar a la comba, las cartetas, los corronchos… O simplemente teníamos las manos, las piernas, o la voz para jugar al marro, al florón, al espachabanquis banquis, a la cadena, a tres navíos, al veo, veo, al tapaculo, al cortahilos…, y a tantos otros más, hoy, la mayoría, olvidados.

 

 

 



4 - Tragedia en Eslava

Continuando con nuestro empeño por rescatar del olvido acontecimientos o aspectos del pasado de Eslava y su entorno, os presentamos hoy uno de los eventos más dramáticos de la historia reciente de nuestro pueblo.

 

El recorte del periódico, de 1990, relata el drama ocurrido hace 103 años en el que fallecieron tres eslaveses. 

 

En la otra foto podéis ver lo que queda de la estela conmemorativa de aquella tragedia. El paso del tiempo ha dejado su huella en la inscripción grabada que está ahora casi desaparecida.

 

 




 

5 - ABAIZ (y Eslava y Lerga)


 

Cuando se les pregunta a los más mayores cuando empezó el pique entre Eslava y Lerga la respuesta es que “eso ha sido así desde siempre” o “de toda vida”. ¿Y el origen de la tirria mutua? Pues, como en el caso de la familia de los Montescos y de la de los Capuletos en la tragedia de Romeo y Julieta, hace tanto tiempo que ya nadie se acuerda de cómo empezó. (1)

 

Como en todo conflicto largo, en este también ha habido fases de “baja intensidad” (¡hasta una vez organizamos un partido de fútbol, mochuelos contra cucos, en un rastrojo en cuesta con el balón cayéndose al barranco todo el rato!) y otras más tensas, estas últimas provocadas casi siempre por algún incidente puntual. Uno de estos, ¡baldón y página negra en nuestra historia!, ocurrió a mediados de los años 60, y la humillación que sufrimos los muetes de Eslava a manos de los de Lerga fue tal, que todavía hoy duele al recordarla.

 

La chispa saltó a cuenta de unas chocolatinas espachurradas de un camión de Végé que se había caido a una viña en la revuelta Aldea y a la que habíamos acudido los chavales de los dos pueblos. Para nosotros, el lugar se encontraba en “terreno enemigo” y algo lejos, pero en aquella época no sobraban precisamente los acontecimientos excitantes, y allí que fuimos. Pero lo que empezó como una pequeña escaramuza,  degeneró en batalla campal y acabó con los de Lerga encorriéndonos a pedradas hasta más aquí del puente Argavidia (originalmente Lergabidea) casi hasta las primeras casa de Eslava.

 

Pero episodios como el anterior, que hoy nos hacen reír, crearon el caldo de cultivo histórico que fue seguramente lo que impidió, en época más reciente, que los dos pueblos se pusieran de acuerdo sobre la propiedad de la hermosa ruina de la iglesia de Abaiz y, sobre todo, y más relevante que lo anterior, que uniéramos fuerzas para evitar que se hundiera totalmente. Algo, que visto desde fuera aparecía claramente como el acuerdo más sensato y razonable.

Aunque también es verdad, que al entrar en liza la Iglesia Católica y ser ya tres los contendientes, el posible arreglo amistoso era más difícil.

 

Pero afortunadamente, este episodio, que tiene algo de leyenda: dos pueblos luchando por una evocadora y romántica ruina medieval ubicada en la cima de una colina con unas vistas impresionantes…, ha tenido, como en los cuentos de príncipes y princesas, un final feliz.

 

Porque, por una parte, los habitantes de Lerga, a través de la Asociación Amigos de Abaiz, y seguramente galvanizados por su victoria legal, han conseguido la proeza de consolidar lo que quedaba de la iglesia antes de que fuera demasiado tarde, reconstruirla en parte y arreglar su entorno, para disfrute de muchas generaciones venideras.

 

Y, por otra parte, porque la relación entre las dos asociaciones es excelente y estamos convencidos de que se impone ser constructivos, olvidar rencillas y mirar hacia adelante, entre otras razones, porque los dos pueblos se están vaciando de habitantes y porque tenemos intereses comunes, como, por ejemplo, en relación con el turismo en la zona.

 

Fruto de ese espíritu de colaboración ya hemos realizado, por ejemplo, la señalización conjunta del recorrido de Santacriz a Abaiz, a través de la senda antigua previamente limpiada por nuestra asociación, ofreciendo al visitante el muy bonito paseo Lerga, Abaiz, Santacriz, Eslava, en ese sentido, o en el contrario.

 

 

(1)   Si queréis leer los comentarios de José María Jimeno Jurío sobre la relación Eslava – Lerga los encontraréis en su artículo La romería de Eslava a Ujué "modelo de romerías", el primero de esta misma sección, HISTORIA(S) LOCAL(ES) 

6 - La matanza del cuto

Después de nuestra publicación sobre la maquina picadora de carne y el mondongo hemos recibido algún comentario animándonos a hablar de la matanza en general. Y aprovechamos para hacerlo ahora, en febrero, por ser el mes en el que tenía lugar la matanza del segundo cerdo, que hacían, sobre todo, las familias numerosas. El primero se mataba en noviembre y para finales de febrero se acababa la temporada de la matanza, porque en marzo el bochorno empieza a hacerse más presente que durante el invierno, en el que domina el cierzo, y aparecer la mosca, que podía arruinar todo el embutido.

La matanza comenzaba, como todas las grandes ocasiones familiares, con la preparación minuciosa y discreta de todo lo necesario por parte de las mujeres: trapos limpios, barreños, el pacharán o el anís y las pastas para después de la faena etc.

Luego entraba en acción el matacutos, o matachín, que oficiaba el ritual de la matanza. En Eslava, en los últimos tiempos hubo 3, Jesús Guillén, José Folías e Isabelo Alamán, con su plácido carácter y su permanente sonrisa. Los dos primeros eran polivalentes, como se dice ahora, porque trabajaban también en el campo y además tenían otra tercera profesión más importante: el primero de cabrero, con las cabras de las familias, y el segundo de telero, vendiendo por los pueblos de la zona su mercancía de camisetas, calcetines calzoncillos etc., con una moto equipada con un gran maletero en la parte delantera.

El trabajo de matacutos tenía su mérito porque los cerdos, una vez fuera de la pocilga, se resistían y, a veces, trataban de escaparse o se defendían como fieras, intuyendo su trágico final. La matanza, hoy, horrorizaría a muchos por lo que tenía de violento: el gancho metálico en forma de S clavado en la papada y los 4 hombres fornidos para inmovilizarlo; el cuchillo metido hasta el mango en el cuello, lo que provocaba un chorro de sangre humeante que caía a un barreño donde la agitaba una mujer con la mano para que no se coagulase; los alaridos desgarradores del animal; los espasmos de su agonía… Más los melancólicos aullidos de los perros en la calle, y las gallinas que, se dice, no ponían huevos al día siguiente, ¿espantados por los chillos del cuto o por tristeza solidaria entre animales?

Pero los niños de antes lo veíamos como un espectáculo al que solíamos invitar a los amigos más cercanos, aunque solo a unos pocos, por lo limitado del espacio en “el palco”, que era el pesebre de las caballerías en el corral, desde donde contemplábamos “la función” con el estómago encogido.

Venía luego el chucarrarle el pelo en la calle con illagas; rasparle la piel con un pedazo de teja y agua caliente; abrirlo en canal; vaciarlo de intestinos y vísceras y colgarlo boca abajo para que se serenase y se desangrara bien.

Yo no he visto ninguna película de horror que iguale lo que suponía, en nuestra casa, bajar esa noche al retrete, situado al lado de donde estaba colgando el pobre cuto: de color brillante-pálido, después del afeitado; con una gota de sangre formándosele en el hocico antes de caer al serrín del suelo; girando levemente a un lado y a otro por las corrientes de aire provocadas por el mal encaje de las viejas puertas; abierto en canal, como intentando atraparte con las patas y hacerte prisionero en su enorme vientre ahora vacío.

Pesadillas de niños que desaparecían a la mañana siguiente en el agradable calorcico de la cocina en medio de una explosión de olores y perfumes de carne, ajo, cebolla, orégano, pimentón, clavo, refrito, café…más las carantoñas y algún caramelo de las tías que habían venido a echar una mano.

Este era el día de máxima agitación en la casa. Se descuartizaba el cerdo, se limpiaban los intestinos y se picaba la carne para el mondongo. Por otra parte, se reservaban las costillas, los solomillos y los jamones.

Las ristras de costillas y los solomillos se ponían en adobo. Para ello se les tenía medio día con sal y después se lavaban, se dejaban en reposo durante un día y se les untaba con la mano un adobo hecho con ajos, pimentón y vinagre. A continuación, se colgaban y cuando estaban secos se cortaban y se guardaban en tinajas cubiertos de manteca o aceite.

Los perniles, primero se estrujaban bien para sacarles toda la sangre de las venas. Después, para curarlos, se dejaban en sal algún día menos que el número de kilos de cada pernil. Luego, se lavaban y se guardaban varias semanas con una piedra grande encima para prensarlos. Y finalmente, se colgaban a secar, después de untarlos con un adobe de sal, pimentón y vinagre.

Había dos aspectos menores de la matanza que nos encantaban a los pequeños. El primero era el hinchar la vejiga, en la que se metía la manteca derretida. Nos dejaban jugar con ella por unos instantes, ¡y era el primer globo de nuestra infancia! La vejiga ha tenido muchos usos desde tiempos inmemoriales, como hacer balones, preservativos o panderetas, pero en Navarra, sobre todo, se ha utilizado como botana, que es de lo que se sirven los kilikis para golpear a los chicos y chicas. O, mejor dicho, se servían, ya que ahora la mayoría utilizan botanas de goma espuma, con la honrosa excepción de la comparsa de Tafalla, que son muy chulos, ellos, y se niegan a perder la tradición.

El segundo, era ir al horno cooperativo a por la cesta de txantxigorris. Para el pan había a menudo disputas entre los hermanos porque siempre le tocaba al otro. Pero no así con las olorosas tortas, tapadas con un paño y todavía calenticas. ¡Qué atracón subiendo la cuesta!

Pero hablando de comer, sobre todo, quedaban para todo el año el embutido, la carne adobada y los jamones, que eran el sustento básico y que aportaban las muchas calorías que exigía el duro trabajo en el campo; alimento biológico y de gran calidad.

¿Quién puede decirnos, por ejemplo, dónde se puede encontrar hoy morcilla tan rica como aquella? ¿Os acordáis, los mayores de edad, de las exquisitas rodajas con perfume a orégano, bien tostadas por fuera y en su punto por dentro? Yo lo he intentado por todos lados y no hay manera, ni aquí, ni en el extranjero.
En Francia, por ejemplo, la morcilla más popular es la de las Antillas, que tiene tanto picante que borra el resto de los sabores, y que te provoca tal incendio en el estómago que no hay tinto de Burdeos que lo apague. La inglesa, por el contrario, tiene menos gusto que la ensalada de lechuga sin aliño que se preparan por aquellas tierras. “Black pudding” que la llaman. ¿La morcilla un pudin? ¿Desde cuándo? ¡Cosas de guiris!

Parece que el secreto estaba en la grasa suave del interior del intestino. Y lo mismo con la vírica: ¡Bocatto di cardinale!, sobre todo, si te la comías en bocadillo, con el sabroso pan del horno, en el recreo de las 11h, en aquellas gloriosas mañanas de primavera con el coro de ángeles y arcángeles cantando en el cielo que eran las golondrinas y los grillos, o vencejos, mientras apurabas el paso para ir a jugar a corredores a cadena al femoral de Don José o al fútbol al frontón.

No se trata, por supuesto, de decir eso tan trillado de que todo tiempo pasado fue mejor, ni de idealizar el pasado. ¡Pero pensar que ahora la envoltura de los embutidos la hacen con celulosa, colágeno, fibrosa, plásticos…! ¿Ande vamos a parar? ¡Y, además, las fabrican, pa remincha, a dos pasos de nuestro pueblo, en Cáseda! Aunque, bueno, tampoco nos vamos a pasar con las quejas, que bien viene lo que aportan a la economía del valle.

 

 

 

7 - ANGELICOS SOMOS  (marzo 2018)

 

 

 “ANGELICOS SOMOS”

¿Cuál será la primera palabra o recuerdo que te llegue a la mente al leer la letra de la siguiente canción? Anímate, escribe y comparte con los Amigos y Amigas de Eslava...

"Angelicos somos
bajamos del cielo
a pedir aujicas
para el Monumento.

Arca cerrada
divino secreto
dónde está mi Dios
en el Monumento
cerrado con llave
como un hombre muerto.

Kiticlas kiticlas 
a la puerta de San Blas”

¡¡¡¡¡Y las carracas empiezan a sonar!!!!!

¿Os imagináis que regrese esta tradición la próxima Semana Santa a las calles de Eslava?

Seguiremos informando... Pero antes comparte con nosotros esa primera palabra o recuerdo que has pensado.

Ada

 

  

LAS CARRACAS REGRESARAN DE NUEVO EL JUEVES SANTO A LAS CALLES DE ESLAVA

Desde el ventanal de la cocina me asomaba para ver cómo Javi, Natxo, César, Patxi, Iñigo, Mikel, Jesús Mari, Iker, Alberto, Mikel... cruzaban la plaza de abajo para enfilar a casa Blasco con sus carracas la mañana de Jueves Santo. El recuerdo de mi generación se puede trasladar a otras épocas en las que los nombres aquí escritos pueden ser sustituidos por protagonistas de otros tiempos, que seguro alguno o alguna ya ha rememorado. Esta cuadrilla nacida en los 70 recorría las calles ochenteras del pueblo para llamar a cada puerta y recoger el dinerico que les entregaban los vecinos y vecinas para luego repartírselo, ya que para entonces las “aujicas para el Monumento” habían quedado relegadas solo a la canción.

Esta generación protagonizó las últimas escenas de una tradición que ahora la Asociación Amigos de Eslava va a recuperar en la próxima Semana Santa. Los niños y niñas recogerán el testigo de las carracas que han hibernado durante las últimas tres décadas.

Ada 

 

CUENTA ATRÁS PARA EL RUIDO DE LAS CARRACAS…

A mitad del siglo XX la literalidad de la canción que volverá a escucharse por las calles de Eslava en la mañana de este Jueves Santo se cumplía con rigurosidad. Nuestro amigo Martín Ayape Zaratiegui lo narra en primera persona: “Recogíamos las agujas en la tienda de Máxima, la del Ramonico, acompañados del sonido de las carracas. Concluida la ronda por el pueblo, se llevaban los alfileres a la iglesia para que las mujeres sujetaran con ellos las cortinas granates que de manera solemne acogían al Monumento”, escenario que no ha cambiado.

¿Quién con una cierta edad no asocia este acto a su infancia, a las vacaciones de Semana Santa, previas a las ansiadas de verano, y a la primavera? Nuestro amigo Félix Zaratiegui así lo rememora. No se puede decir lo mismo de Vane Ayape, porque en su niñez las carracas ya habían dejado de salir. Pero sus abuelos Martín y Felisa cumplieron un gran papel al enseñarle la letra para no perder una tradición, que como apunta Natxo del Castillo “hace ya tres décadas desde la última vez que se escucharon estos trastos”.

Y allá por aquellos años de los 80 del siglo pasado, como confirma nuestra amiga Mamen García Beorlegui, las monedas sustituyeron a las aujicas 

Y “los bolsillos se llenaban de calderilla”. Pesetas que se repartían los niños de la época que décadas después entonaban la canción “en las sobremesas de las bodas”, manera en la que nuestra amiga Jennifer Sánchez Echeverria conoció esta costumbre que también aprendió.

Degustado el convite, cada comensal entonaba la canción mientras levantaba el brazo derecho y con la mano daba vueltas a la servilleta para emular las carracas. Una vez que el improvisado coro concluía su interpretación, simulaba el anhelado sonido al pegar con las palmas en la mesa de manera simultánea y continuada durante varios segundos, un ruido que hacía vibrar desde el menaje hasta la misma sala.

EL PRÓXIMO JUEVES SANTO A LAS 11.00 LA ASOCIACIÓN AMIGOS DE ESLAVA ESPERA A PEQUEÑOS Y PEQUEÑAS EN LA PLACETA CON LAS CARRACAS PARA RECORRER EL PUEBLO EN EL TRAYECTO HABITUAL DE HALLOWEEN. ¡OS ESPERAMOS !

Ada

 

RECUPERANDO TRADICIONES

¡Lo han hecho! ¡Las chicas y chicos de Eslava han respondido a la llamada de nuestra Asociación y, después de un paréntesis de 30 años, han retomado y continuado la ancestral tradición de las carracas el día de Jueves Santo!

Todo ha ido sobre ruedas: buen tiempo, ni una sola casa sin visitar, entusiasta acogida por parte de los adultos y generosas donaciones.

Y a la vista está que la renovada tradición tiene futuro. Para convencerse basta con verlos en el vídeo, subidicos en la pared, cantando tan formales y disciplinados. Y si bien es verdad, no nos vamos a engañar, que en la armonía de las voces hay margen de mejora, también lo es que lo compensan con creces con su habilidad marcando el compás con los pies y manejando el instrumento!

 

¡El próximo año más!

 

8 - OTRAS TRADICIONES DE SEMANA SANTA: LOS MAITINES


 

El día de Miércoles Santo era un día especial pues era la víspera del día grande de la Semana Santa en Eslava, el Jueves Santo.
Durante la mañana del miércoles, la chiquillería salía con las carracas cantando “Angelicos somos”, se preparaba el Monumento y al atardecer se celebraba en la iglesia “Los Maitines” .

Del rito de los Maitines, el momento más esperado por toda la chavalería era el “oficio de Tinieblas” y en especial el último verso del Salmo-Miserere, que era el momento en el que se apagaba la última vela y todo quedaba a oscuras. En ese instante había que tocar las carracas lo más fuerte posible hasta que el sacerdote mandaba terminar. El sonido de las carracas era acompañado por los más mayores con un fuerte pataleo contra el suelo, que aún hacía más terrorífico el trance. La mezcla de noche y estruendo hacía que los niños más asustadizos ni siquiera se atreviesen a entrar al templo.


 Era tal el énfasis que se ponía, que el público asistente solía acabar con algún que otro dolor de cabeza y en ocasiones con el enfado del párroco oficiante, debido sobre todo a la gran algarabía que se montaba en el templo.

En los raticos que transcurrían entre salir por la calle cantando “angélicos somos” y los Maitines, siempre había momento para el juego. Entonces los chiquillos acompañados por algunos mozos del pueblo cantaban la misma melodía que habían interpretado por la mañana, pero cambiando la letra por otras más sarcásticas y menos apropiadas para las fechas en las que se encontraban.

De estas letras, todavía los mayores del pueblo recuerdan alguna que se cantaba entre los años 1940 y 1950, como esta que ponemos a continuación:

“Maitines y completas, que se mueran las mocetas,
que no queden más que dos, la Martina de la Garra y Paquito el de Cenón”.

VIA CRUCIS POR SANTA BARBARA

El día de Viernes Santo a las tres de la tarde, se realizaba un solemne Vía Crucis por el monte de Santa Bárbara. Por aquel entonces existían 14 cruces en el cerro, una por cada estación del Vía Crucis.

Entre las estaciones se iba cantando una canción, con tantas estrofas como estaciones había. Algunos del pueblo aun las recuerdan todas y aquí ponemos la más conocida que todavía se canta en la actualidad.

“Venid, venid lamentos, cercad mi corazón.
Pues canto tu pasión Jesús y sus tormentos,
Enciendan mis acentos, el pecho más helado,
Llorad pues ojos míos, llorad por nuestro amado”.

José Ramón García Beorlegui

 

 

 

9 - ANGELICOS SOMOS, O SEMOS

 

 

Nuestro amigo y experto musical, Joserra, inspirado por la recuperación de la tradición de las carracas en Eslava, nos hace hoy un interesante análisis histórico-geográfico de la canción de los Angélicos, al que añade la partitura, escrita por él mismo.

 

ANGELICOS SOMOS, O SEMOS

¿Cuál es la canción más típica y representativa del folklore de Eslava?, sin ninguna duda, “Angelicos somos”. 
Es algo tan nuestro que cualquier excusa es buena para entonarla, aunque no sea el día para el que se creó, cosa que debió pasar ya desde antiguo.

Su música es muy sencilla y se entona como si fuera un mantra, un ostinato, una tonadilla que se repite constantemente y que resuelve al final con alegría. Las notas musicales también son muy simples, de sabor antiguo, y que, exceptuando el final, podrían ser tocadas con una pequeña corneta militar.

Pero realmente no tenemos la exclusividad de dicha canción en nuestra zona, sino que es un típico canto de “cuestación”, para pedir, y pedir lo que sea: aujicas para el monumento, txistorras, tocino, morcillas, dinero, vino…, con el objetivo de una recompensa, bien para cenar o para jugar.

En “Coplas Navarras de cuestación en castellano”, del historiador José María Jimeno Jurío, aparece como la copla en castellano más común de Navarra, tanto geográfica como cronológicamente. Cantándose en euskera en toda la zona de Baztán y Bidasoa, en el Pirineo y zona de Estella mezclándose el castellano con un euskera residual al haber desaparecido de la vida cotidiana, y en general en castellano en toda la zona media de Navarra.

Estas estrofas y versos fueron compuestos en origen para una fiesta determinada, pero a lo largo del tiempo se han ido adaptando a diversas festividades del calendario: San Nicolás, Víspera de Navidad, Año Nuevo, Santa Águeda, San Gregorio, Carnavales, y como no Semana Santa.

Una de las más peculiares se celebra en los valles de Guesalaz y Yerri, en Tierra Estella: “La Gogona”o “Gona”. Es una cuestación que se celebra en Noche Buena, en la que los niños que cumplen 16 años van pidiendo por las casas huevos, txistorra, morcilla, tocino, nueces… y por supuesto vino. En este ritual se pasa de niño a “gogon” y luego a mozo, considerándolo a partir de este momento socialmente con plenos derechos y deberes. Pudiendo ir a la taberna, al baile, pasear con chicas y por supuesto trabajar en auzolan para el pueblo.
La canción tiene unas estrofas en euskera, que cambian según pueblos, pero tiene también parte de nuestra estrofa: Angelicos somos, del cielo bajamos…

Al ser el paso de niño a mozo un ritual ancestral y típico de todas las culturas del mundo, éste pudo ser el origen de dicho acto antes de ser cristianizado,

También en Aribe, en el valle de Aezkoa, es recogido por el cancionero vasco en 1927, añadiendo una introducción en euskera a ritmo de zortziko:

Angélicos semos, del cielo vinemos, agujas pidemos para el monumento; si no quiere dar, las puertas pagarán. (En el pueblo de Olleta, cuando salían en rogativa cantaban: De Olleta semos, aquí venemos y agua te pedemos).

Esta versión es muy parecida a la que se canta diferentes lugares como Lerga, Aoiz, Mañeru, Orés (Comarca de las Cinco villas de Aragón) …

Pero cual es nuestra sorpresa cuando investigando un poco más descubrimos que también se canta el viernes 1 de noviembre al otro lado del Atlántico, en Costa Caribe. En el “Diá de lo Angelitos” de Barranquilla y siempre con el mismo objetivo: pedir.

Angelicos somos, bajamos del cielo. Pidiendo limosnas, para nosotros mismos.

Los versos y estrofas de nuestra canción ofrecen muchas variantes dependiendo del lugar donde se cante:

Los dos versos del saludo:
Angelicos somos o “semos” (Lerga, típico del antiguo habla de la zona) 
Bajamos del cielo o, Del cielo bajamos, venimos, “venemos” (muy frecuente).

El verso final que expresa el objetivo también cambia: Se piden diferentes presentes: Aujicas, Aguinaldos, tripotas (morcillas), Txistorras…

“A pedir Aujicas”, aunque actualmente carezca de sentido, antiguamente no era así. En el siglo XVIII en las cuentas de muchas parroquias se consignaban pequeñas cantidades gastadas en compras de alfileres para el Monumento o Molumento, Morumento, y Murumento.

“Arca cerrada, Divino secreto, ¿Dónde está mi Dios? En el monumento. Cerrado con llave como un hombre muerto”.
Según J.M. Jurío en Eslava antiguamente había una frase más que se ha perdido: “Sin y sin merecimiento”

Esta estrofa (arca cerrada…) posiblemente pudo ser añadida posteriormente. Ya que es recogida también en buena parte de España (Asturias, Cáceres…) donde se añade algunas más que alude a Pilatos.

Y para terminar la “despedida”, que suele ser una conclusión informal, haciendo sonar fuertemente las carracas al mismo tiempo que se canta su onomatopeya:

“Quiticlás, quiticlás a la puerta de San Blas”, aunque también está documentado que en Eslava se cantaba, Triquitrás, triquitrás.

El día de San Blas era una fecha importante en Eslava, se celebraba “la fiesta escolar”. Ese día todos los niños de la escuela subían a Santa Bárbara a merendar la “longaniza pequeña” que en la matanza del cuto se hacía especialmente para esa festividad.
Pero eso es ya otra historia…

José Ramón García Beorlegui 

 

 

 

10 - ADIOS AL "PESCAO"

 



Finalmente ha llegado el momento, no por previsible menos triste para Eslava, del cierre de la pescadería-tienda, lugar tan emblemático de la vida eslavesa durante las últimas décadas. Elvira Moncayola y Alfonso Lerga se jubilan y con el fin de su vida profesional se acaba también el negocio creado hace más de 75 años.

La aventura la inició Máxima Ayape vendiendo pescado en el pasillo de la casa actualmente habitada por José y María, en frente de casa la Teles. Vivienda que, antes de José y María, había sido utilizada como residencia secundaría por la bilbaína Conchi, tía de Elvira, y donde antes habían vivido Julián, el montero, y María Jesús; Daniel, practicante y peluquero, y Alicia; y Anuncia y Jesús “Sanchín”. Y en la guerra civil, antes de Máxima y su familia, durante algunas semanas, soldados franquistas moros que parece eran vistos con bastante aprensión por los eslaveses y, sobre todo, eslavesas, influenciados, seguramente, por los prejuicios ancestrales sobre ellos.

Poco a poco el negocio fue ampliándose, empezando a vender pescado en Sada en días señalados, como el 23 de enero, día de San Vicente, patrón del pueblo, en el que parece tenían la tradición de comer besugo.
Máxima y Santos, su marido, iban andando y este se volvía después a Eslava con la burra que había servido para transportar la mercancía, para, por la tarde, hacer el recorrido de nuevo volviendo a casa con su mujer y el pescado no vendido.
Nos cuenta Alfonso que un año de mucho frío, en el que la venta de besugos no estaba siendo buena, Máxima, cansada de esperar a Santos y a la burra, ató un esparto a la caja del pescado y aprovechando que había hielo en la carretera se volvió a Eslava arrastrando la caja por el suelo.

El negocio continuó desarrollándose incorporándose la hija, Asunción, abriéndose a Lerga y cambiando la burra por una bici con un precario remolque. Asun iba a pie, como antes su madre a Sada, y su hermano Ignacio le llevaba el pescado en la bici. Pero parece que la relación entre los dos hermanos no era siempre excelente (¡clásica tensión entre socios de un negocio emergente en plena expansión!) y que, una vez, al llegar ella a Argavidia, se encontró con que a él se le había volcado el remolque con toda la carga. Ignacio, enfadado por la bronca que le echó su hermana, se volvió para Eslava con la bici dejando a Asun con todo el pescado esparcido por el asfalto. ¡La historia se repetía, llevando las mujeres, de nuevo, la peor parte!

La expansión plena llegó en los años siguientes con la incorporación al negocio del segundo hermano, Jesús; la apertura de una pescadería en su nueva casa (con, por supuesto, un mostrador altísimo, típica manía de aquella época); compra de una camioneta; conversión del negocio en pescadería-tienda de ultramarinos-frutas y verduras y transpaquetería; “conquista” de todo el mercado del valle con la excepción de Aibar (on tres rondas semanales con la camioneta) y, posteriormente, la construcción de una gran cochera al lado de la bodega, obra del albañil Valero Huarte.

Nos sigue contando Alfonso que cuando en la primavera su distribuidor mayorista, Echeverri, les informaba de que había entrado anchoa en el puerto de San Sebastián y querían avisar a Jesús, que con frecuencia se encontraba trabajando en un campo que llevaban en Pisaldea, para que volviese a casa, se lo hacían saber colgando una sábana blanca en la terraza, visible desde el campo. Y parece que este método de comunicación nunca fallaba. ¡Nunca tuvieron problemas de cobertura!

La muerte de Jesús en 1983, que entonces contaba ya con la ayuda del hermano pequeño, Alfonso, fue un duro golpe, quedando este último al frente del negocio, respaldado después por su mujer Elvira, que pasó de ser una simpática vendedora de pasteles en la tienda de Manterola de Pamplona a ser una simpática vendedora de pescado en Eslava, porque la simpatía siempre la ha llevado dentro.

En la última etapa llegó la nueva reglamentación de seguridad e higiene que exigía una camioneta isotérmica para el pescado y la separación de este del resto de las mercancías transportadas, lo que añadido a la disminución de la población y a la proliferación de coches particulares explican el cierre del negocio hoy.

Resumiendo, una familia dinámica y emprendedora que ha proporcionado durante 75 años a Eslava y su zona un servicio y unos productos imprescindibles, dotando además a nuestro pueblo de una pescadería, un lujo con el que pueblos bastante mayores no contaban.

Ya hace bastantes años que cerraron las 3 tiendas “de toda vida” (Eusebia, Máxima de Ramonico y Asunción), y, algo después, la escuela y la carnicería. Por suerte nos queda la tienda de Sara Lerga, en el antiguo horno cooperativo, un remozado y acogedor bar-restaurante que pronto contará con una amplia y funcional cocina, y una hermosa piscina municipal.

De la pérdida regular de servicios en los últimos tiempos se deduce una conclusión evidente: tenemos que vencer inercias y alguna facilidad a corto plazo y esforzarnos por consumir local para preservar o hacer que perduren el mayor tiempo posible los negocios que todavía existen y cuya desaparición provocaría un importante empobrecimiento de la vida económica y social de nuestro pueblo.

 

¡FELIZ Y LARGA Y JUBILACION PARA ALFONSO Y ELVIRA, QUE BIEN SE LA HAN MERECIDO!

 

 

 

11 - El lavadero del barrio de arriba: recuperando patrimonio arquitectural y social

Caras de alegría tras el hallazgo.

Tenían razón, estaba ahí.

Lavadero de arriba. Dibujo de Joserra García Beorlegui siguiendo las indicaciones de Carmentxu Beorlegui.

 

Lavadero, asca y fuente del barrio de abajo.

Foto Natxo


Eslava tenía antiguamente dos lavaderos: el del barrio de abajo, todavía existente y que forma parte del bonito conjunto lavadero, asca (en Eslava “rasca”, del euskera “arraska”, de “arri”, piedra, y “aska”, abrevadero) y fuente, construido en 1573. Y el del barrio de arriba, mayor, cubierto y más alto, lo que permitía lavar de pie, que es una característica típica de los lavaderos más recientes. Este segundo lavadero era mucho más utilizado debido a su mayor tamaño y comodidad.

 

Pero fue demolido a finales de los 70, o eso pensábamos algunos escépticos cuando varios miembros de nuestra asociación plantearon recientemente recuperar la parte baja, supuestamente cubierta de tierra. Y, por suerte, ¡tenían toda la razón!: como podéis ver en las fotos, después de una mañana de duro trabajo de un grupo de auzolanistas, ha vuelto a aparecer, no totalmente completo, pero sí, parece, bastante entero. Suficiente como para intentar recuperarlo, y con él una página importante de nuestra historia reciente. 

Por supuesto que el hallazgo no tiene la importancia histórica de lo que aparece, por ejemplo, en Santa Criz, pero si tiene un gran valor humano porque nos habla de un tipo de trabajo cotidiano muy duro y de un lugar privilegiado de socialización femenina, hoy algo totalmente desaparecido, pero tan reciente que, en la mayoría de los casos, participaron en él nuestras abuelas y, en muchos otros casos, nuestras madres. Algunas, ya pocas, todavía con nosotros, como es el caso de Ángeles Valencia, que a sus 87 años desborda alegría y energía mental, y con la que hemos charlado largamente sobre el tema.

En una sociedad en la que no estaba bien visto que las mujeres fueran a los bares el lavadero era un lugar de encuentro, de tertulia, de contar historias y de ponerse al día de las noticias del pueblo en el que las mujeres podían hablar con más libertad y soltura de sus cosas, por la práctica ausencia total de hombres presentes, y eso, mientras no dejaban de trabajar. 

Nos habla Ángeles, con emoción, del buen ambiente entre las mujeres, de las canciones que compartían, de cómo disfrutaban de encontrarse entre amigas, pero también de las largas horas dobladas, de la dureza del trabajo, de las manos congeladas, de cómo, a veces, en invierno, tenían que romper el hielo antes de poder empezar a lavar. 

Hoy, cuando hablamos de lavar la ropa, empleamos la expresión “hacer la colada”, pero antes eran dos aspectos muy diferentes de la misma actividad. Normalmente al lavadero se iba los lunes y si se trataba de lavar la ropa de una familia no muy numerosa la tarea duraba entre 4 ó 5 horas. Aunque, a veces, para avanzar el trabajo, se ponía la ropa a remojar antes, en casa, en agua caliente con jabón. Aunque esto tenía el inconveniente de que mojada era más pesada para llevarla después al lavadero. La mayoría de las mujeres transportaba la ropa en 3 pozales de metal, uno en cada mano, y el tercero encima de la cabeza, sobre un paño colocado con forma espiral llamado cabezal. 

El jabón utilizado se hacía manualmente en casa con sosa y grasa de la matanza del cerdo y, como los tiempos eran duros, en algunas casas le añadían harina para que saliera más cantidad. El problema era que, en este caso, irritaba mucho las manos de las lavanderas. En una ocasión se les murió la yegua en una casa que no nombraremos, algo que suponía una verdadera tragedia en las familias más modestas, y para mitigar la pérdida económica decidieron utilizar la grasa de la caballería para hacer jabón. Mala idea. Parece que el producto apestaba tanto que nadie quería ponerse en el lavadero al lado de la mujer que lo utilizaba. Y ya que estamos con el tema, un consejo: si queréis hacer jabón casero, lo mejor es utilizar ondarras (residuos o posos) de aceite de oliva. 

Hacer la colada significaba algo más complicado y podía durar varios días. El objetivo era blanquear e higienizar la ropa y consistía en colocar la ropa blanca en capas dentro de una tinaja llamada terrizo, cubrirla con un paño recio llamado cenicero o cernadero sobre el que se depositaba ceniza del hogaril y sobre las que se iba derramando, o colando, agua hirviendo. 

El agua hirviente en contacto con la ceniza tenía un efecto de lejía, limpiando y blanqueando la ropa para luego salir por un agujero efectuado en la parte inferior del terrizo, pasar a una base de piedra llamada coladera, de la cual era recuperada, calentada de nuevo y ser vertida, otra vez, sobre la ceniza hasta que toda la ropa estuviera caliente. Finalmente, se aclaraba y se tendía a secar al sol sobre arbustos o paredes. En Eslava, sobre todo, en las paredes de los huertos de Paulo, don José y Melchor, donde están ahora las cocheras, al lado de la bodega. 

En las casas que lavaban menos hacían colada dos veces al año, y en todas las casas, cuando moría alguien, con la ropa y la lana de los colchones de los difuntos recién fallecidos. Ángeles sabe mucho de eso porque ayudaba a su tía, y segunda madre, Vítora Sola. 

Vítora era una de esas personas imprescindibles en los pueblos por su polivalencia, ánimo y energía: lavaba para algunas familias más pudientes, hacía la llamada colada de los muertos (que se efectuaba en el riachuelo del puente de los pozos), era la cocinera habitual en bodas, comuniones y bautizos y acogía en su casa, llamada Labairo, a los visitantes que se encontraban con la fonda de casa Calixto llena.  No es así de extrañar que algunos parientes le repitieran con cierta frecuencia: “Labaira, vivos o muertos, todos son nuestros”’. Su sentido de la iniciativa debía ser hereditario porque más tarde, en 1979, Ángeles y su marido Jesús abrieron el bar Labairo, que se vieron obligados a cerrar en 1995, por problemas de salud de Angeles. 

En el lavadero había lugares más preferidos que otros. Por ejemplo, nadie quería instalarse en la parte de atrás porque allí dormían los pobres, que se decía antes, hoy, los vagabundos, y podía haber piojos. La mayoría prefería colocarse al lado de la pila del aclarado, por donde pasaba el agua antes de llegar al lavadero, y que era más limpia. Si embargo a Vítora le respetaban su lugar preferido, al lado de la columna que mantenía el tejado, en respeto y reconocimiento de su profesionalismo y veteranía. 

Todo cambió con la llegada del agua corriente a las casas a finales de los años 50. Las mujeres empezaron a lavar en la fregadera de la cocina con las tablas estriadas que construían los carpinteros Jesús Ucar y Raul Belzunegui, y después con las primeras lavadoras, que solo hacían dar vueltas a la ropa y a las que había que ayudar con la mano cuando se cargaban mucho. 

También se empezaron a construir retretes mejorando enormemente la higiene y la calidad de vida. Los dos primeros, uno en la fonda antes mencionada y el segundo, por supuesto, en casa Labairo. Aunque costó tiempo doblegar los automatismos ancestrales, sobre todo de la gente mayor que no comprendían, por ejemplo, que aceleraras el paso volviendo del campo si el cuerpo te lo pedía, porque ¡Qué ocurrencia, llevar “eso” a casa, “eso” se deja en el campo! O cuando se resistían a tirar la cadena y “despilfarrar” un tanque de agua por solo “una meadica”.